A. D. Maraton Puerto Real

Un corredor de maratón tiene una cosa menos que acabar en su vida ...

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101 Kms de Ronda

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A VECES LO MÁS DURO PUEDE SER LO MÁS RECONFORTANTE

Ante todo os pido perdón por lo que ha tardado en llegar estas letras pero os puedo asegurar que más tardé yo en ver la meta

La verdad es que para esta crónica no se por donde empezar. Así que empezaremos por lo primero y nos situamos en la mañana del viernes 15 de mayo sobre las 10 de la mañana tras una noche en la que si sumara todo lo que había corrido en los sueños tendría el record del mundo en larga distancia, bueno continuemos, después de desayunar paso a recoger a mi compañero de fatigas José (Membri para sus amigos) y tengo que decir que una vez que terminamos de cargar las cosas en el coche cualquiera driría que nos vamos seis meses de camping, sólo faltaba el campingas y la guitarra. Tomamos dirección a Ronda y cuando  llegamos tengo que admitir que se me habían hecho largo 100 kilómetros hasta en el coche.

Una vez que habíamos recogidos los dorsales nos instalamos en el Pabellón “El Fuerte” donde dormiríamos durante nuestra “estancia” en Ronda.  Después de instalarnos nos fuimos de visita por la ciudad y como era de esperar nos metimos en una pizzería a cargarnos de hidratos con un buen plato de pasta, dicho sea de paso que pechá de pasta las últimas semanas yo solito he sacao de la crisis a los de pastas Gallo. Después del almuerzo nos fuimos al polideportivo y nos pusimos a descansar en el coche, sin ser un chivato he de decir que deje al membri al cuidado de las cosas del coche, durante una breve ausencia “depuradora”, y cuando volví estaba como un tronco, ni coche, ni macutos ni ná.

Ya por la tarde llegaron Ginés, Demetrio y también Antonio (Antonio es un amigo que fue con el dorsal de Richi), les ayudamos a que se instalaran y a todo el papeleo, curioso

que al rellenar el pasaporte que te dan para sellar en distintos puntos de la carrera, Antonio no sabía su grupo sanguíneo, esto no sería nada raro si no fuera porque Antonio es MEDICO.  

Ya instalado los cinco nos fuimos a la Alameda de Ronda que además de ser la Llegada  de la carrera esa noche se celebraba la “Fiesta de la Pasta”, (mas pasta por Dios al final voy a cagar , con perdón, un mueble de formica). Después de recordar las comidas de rancho de la mili nos dirigimos al polideportivo para dormir. Tras una parada en el camino para un cafelito llegamos al poli sobre las 11 de la noche, a las 11:01 horas el Membri ya roncaba, ¡increíble!. Decidimos levantarnos a las 8 A.M. para ir a desayunar y cada uno intento dormirse, como pudo, con los nervios a flor de piel,…        …el Membri seguía roncando.

 En una de las veces que logre dar una cabezadita me despierta el ruido ensordecedor de una corneta tocando diana, eran  las 7 de la mañana, estos legionarios no andan con cachondeo. Tras el aseo matinal nos encaminamos al Bar Marcelo que además de comernos un molletón de jamón más grande que un zapato de Pau Gasol, nos regaló una gorra exclusiva que era para los participantes de la prueba que fueran a desayunar.

Rumbo de vuelta  al polideportivo me doy cuenta que  falta muy poquito para la hazaña y ya me encuentro cansado, cansado y cag… Nos preparamos con todos los cacharros que ibamos a coger, llevaba entre geles , pastillas, mueslys y demás utensilios, mas cosas que una UVI móvil.  Todos listos  nos dirigimos para la salida en el campo de fútbol.

 

Ya en el campo de fútbol y después de mi primer sello en el pasaporte me doy cuenta de que mi aparato digestivo estaba en overbooking, rápido un cuarto de baño, sólo hay uno y hay más gente esperando que en la puerta de Dragados. Salgo del campo y un amable señor que regentaba la barra de un Local Social me hace el hombre más feliz, y ligero, del mundo.

 

A las 10:30 de la mañana comienzan saliendo los ciclistas tras cañonazos y fuegos artificiales, después a las 11:00 empieza la cuenta atrás para nosotros.. tres, dos uno y mi TFT (pulsómetro) en marcha. La carrera sale por el centro de Ronda y tras una bajada pronunciada vamos alejándonos de la ciudad. Continuamos corriendo y llega la primera cuesta sobre el kilómetro 5, a andar se dijo, lo de andar es un decir, el Membri faltó a clase el día que lo explicaron, yo te juro que corriendo iba más despacio. Así pasaron los primeros 20 kilómetros escuchando atentamente las órdenes del míster- “bebed agua”, “buchitos cortos”, “aguantarse un poquito”, “ole mi Semita”, “cogemos algo y ligerito pa’lante”. Ibamos pasando avituallamientos y restando kilómetros y yo creía que era Supermán de lo bien que iba, cuando miré el GPS en el kilómetro 33 y marcaba poco más de tres horas y media, pensé yo; indiéz como vamos en once horas está esto listo” ¡y un mojón! con perdón”, no quedaba ná.

 

Pasamos el pueblo de Arriate y fue muy emocionante las gentes en la calle animando, yo iba que me creía un superhéroe… pero … llegó el muro y no lo digo por el kilómetro que íbamos (sobre el 35) sino porque la cuesta que venía era como una pared de incliná. Menos mal que sólo tenía ¡cuatro kilómetros y medio!, me acordé del padre del que hizo el recorrido en cada metro. Para colmo el avituallamiento estaba más alejado de lo normal y José primero y luego los demás nos íbamos quedando sin agua, cuando llegamos al final de la cuesta sobre el kilómetro 40 aunque duro habíamos logrado seguir con un buen tiempo (no llegaba a 5 horas) entonces el Membri empezó a notar que no recuperaba bien y tras un par de kilómetros más, sin sentirse bien, decidió abandonar por precaución). El abandono de José nos dejó a Antonio y  a mí muy tocados porque su presencia y sus consejos nos estaba ayudando muchísimo, pero teníamos que seguir.

 

Continuábamos devorando kilómetros pero ya el cansancio iba haciendo aparición, en uno de los avituallamientos nos dieron una lucecita para que nos la colocaramos y poder ser visto cuando llegara la oscuridad de la noche, y yo  la lucecita la hubiera cambiado  por un taxi (que pechá de correr). En el kilómetro 51 tuvimos que parar para cambiarme de calcetines porque me estaba saliendo una ampolla en la planta del pie. Cuando paramos Antonio y yo y nos sentamos no os digo ná lo que nos costó levantarnos. Desde ese momento lo de llegar en 11 horas pasó a;  “a ver si llegamos antes de las veinticuatro horas”. Seguimos y cada vez mi GPS tardaba más en hacer un kilómetro (entonces comprendí a Antonio Madera en su llegada a la meta en la media de Córdoba).

 Llegamos al pueblo de  Setenil que debería estar en el kilómetro 53 pero que estaba según todos los que teníamos GPS en el 59, toma encima mal medida y más kilómetros. En el avituallamiento de Setenil nos paramos a descansar y nos comimos un sandwidch

de mortadela (el embutido oficial del club) con un a coca cola de medio litro (a partir de beberme este gasificante líquido mi cuerpo de aquí hasta la meta pasó a ser una máquina de expulsar gases, vamos que era un compresor con patas). Estando en el avituallamiento de Setenil recibo una llamada en el móvil del Membri y la casualidad quiso que él también estuviera allí, después de contarle que estábamos medio fundidos y que lo que quedaba íbamos a hacerlo en coche, si en el coche de San Fernando, José decide que si vamos a ir casi andando todo lo que queda se incorpora a la carrera y termina con nosotros. La verdad es que me hizo muy feliz que estuviera de nuevo y me hizo recobrar un poco la fuerza.

 Salimos de Setenil rumbo al cuartel de la legión que estaba en el kilómetro 78. En este punto se une a nosotros tres, Manuel, un amigo de Granada de veinticinco años que llevaba la rodilla como una boba pero que el tío le echaba coraje. Desde aquí hasta el cuartel fue más o menos sufrible, pero creo que no pudieron poner más cuesta tanto arriba como abajo ni queriendo. Tengo que hacer una mención a los legionari@s que nos íbamos encontrándonos en los angostos caminos y en los puestos de avituallamientos por lo bien que se portaban con nosotros. Cuando uno de los legionarios nos comunicó que quedaban seis kilómetros para el cuartel me dio una alegría inmensa, alegría que me quitó otro legionario un kilómetro después y nos dijo “ocho kilómetros para llegar al cuartel”, ahí me acordé yo de la cabra de la legión.

 Dios mío son casi las diez de la noche y estamos entrando en el cuartel ( si este fuera la meta hubiera acertado en lo de las once horas), al llegar al cuartel una llamada de móvil me hace muy feliz y me da fuerza para lo que queda, me está llamando mi Mentor, es Juan Luis. ¿Cómo está mi niño?  Hola míster, le respondo, Ésto está hecho, ya estoy en el cuartel y sólo me quedan veinticuatro kilómetros y sus palabras de calor fueron estas:

“Tranquilo ahorra fuerza porque te queda lo peor, lo que queda es más que todo lo que has hecho hasta ahora, tienes que subir unas cuestas que te vas a enterar, cuidadito que queda mucho”. Comprendereis que con estas palabras de aliento uno no se puede sentir… ¿mejor? Sin poderme quitar lo que me había comentado mi mentor entré en el comedor y me “Jinqué”  un filete empanao con papas fritas, un perrito caliente con tomate y mostaza, otro coca cola de medio litro, un yogurt de limón, una barrita de cereales y un aquarius, si me moría que no fuera por desnutrición. Recogimos las mochila que en Ronda habíamos dejado para que nos la trajeran al cuartel y nos colocamos las ropas de abrigo para la noche.

 Estuvimos sobre una hora en el cuartel entre comidas y acompañar al médico a  Manuel, luego encontramos a Antonio en la sala de los fisios y podólogos y nos comunica que el médico le ha comunicado que a lo peor no puede continuar, Antonio nos pide que sigamos sin él y que si luego mejora intentará acabar. Tras otra valiosa perdida nos dispusimos a salir del cuartel.

 Al salir me entró un frio y temblaba más que una lavadora centrifugando. Tuve que pedirle a los legionarios una bolsa de plástico y hacerle agujeros para colocármela como una camiseta. Cuando empezamos a andar para salir del cuartel yo quería avanzar y mis piernas decían que no andaban más, tras una larga discusión conseguí convencerlas pero prometiéndoles que no iría más rápido que un costalero del Santo Entierro y  con esa promesa hecha comencé mis últimos kilómetros y juro que no rompí la promesa. Tengo que decir que en el cuartel también habíamos recogido de las mochilas una luz de esas que se ponen en la cabeza para alumbrarnos el camino en la oscuridad. Cuando empezamos a subir la llamada Cuesta de la Ermita uno me dijo que iba perdiendo el Madrid con el Villarreal, por lo menos mitigó un poco el dolor que tenía. Cuando conseguí llegar al final de la cuesta, yo creí que en esa ermita era donde vivía Dios porque más alta no podía estar, como para ir a misa de siete todos los días (el Mortirolo a su lao es una cuesta abajo). Ahí ya no me dolían las piernas porque para que algo te duela primero hay que sentirlo, cosa que no pasaba con mis piernas. El membri iba el tío casi bien y no vea lo que me costaba seguirlo, tenía que imaginar que era la Carla Bruni la que iba delante para seguirlo. En el siguiente avituallamiento en el kilómetro 83 tuvimos la agradable sorpresa de encontrarnos  a Auxi, la verdad que se veía como si hubiera ido hasta allí en autobús. Comenzamos la bajada y juro por mi madre que era peor todavía que subir, lo único que no me dolía era la luz de la cabeza. La cuesta no es que fuera inclinada es que le faltaba dos grados para que fuera un barranco. Por fin llegamos a la carretera y despedimos a Auxi que se alejaba con sus “gachetobastones”.  Por mala suerte Juan Luis no me había mentido.

 Pasamos por la Cueva del Gato pero como era de noche no vimos nada, si yo veo al gato me subo en lo alto pa que me lleve. Por fin llegamos a un punto de avituallamiento en el kilómetro 95, la hora no la sé porque al GPS ya se le había acabado hasta la batería, aquí nos dieron un cafelito con leche que nos supo a gloria y nos ayudo a acometer los últimos kilómetros con garantía de éxito. En estos últimos kilómetro me encontré con un compañero de viajes que iba igual que yo, era de Lisboa y el pobre me decía que tenía que haber cuarenta kilómetros de más. Cada vez que la coca cola hacia aparición en mi cuerpo en forma de gas el lisboeta decía “propulsión” en un luso-español entendible y nos reíamos un poco. De pronto contemplamos ante nosotros el Tajo de Ronda iluminado, que preciosidad, una sensación de escalofrío recorrió mi cuerpo sólo comparable al que sentí con el gol de Iniesta ante el Chelsea en el descuento.

 Kilómetro 99 aproximadamente y pienso que se acabó todo pero no, aún queda una pedazo de cuesta de chinos pelúos pa jartarse de reir, Juan Luis se había quedado corto. La cuesta la subimos el portugués y yo que parecíamos andando a las tortugas ninjas pero poniendo todo el coraje conseguimos llegar arriba y llegamos a Ronda. Algunas personas que estaban en la calle te animaban y por fin a unos 300 metros se veía la portada de la llegada. Cogí el móvil y llamé a una amiga mía que estaba en la llegada (era la jefa de podólogos que estaban en la meta) y se preparó para fotografiarnos al llegar. Hicimos de tripas corazón y faltando unos 200 metros comenzamos a correr para llegar como hay que llegar.

 La sensación cuando el legionario me colgó la medalla es indescriptible, eran las tres y veinte de la mañana me sentía  muy feliz, me acordé de mis seres queridos y mis amigos para compartir con ellos este momento donde uno se sabe poseedor de algo que no es fácil conseguir. Pero en cuanto se me pasó la euforia mis piernas en compañía de mis pies y demás partes de mi cuerpo me recordaron que la promesa de aguantar estaba a punto de acabar… y acabó. No había estado tan agotado en mi vida, las planta de los pies me ardían yo me miré los botines porque crei que tenían llamas. El Membri me acompañó hasta la caseta de los podólogos y mi amiga, que pa eso es mi podóloga y además era la jefa, me coló y me dio un trato que es de agradecer (aunque tengo que decir que el trato tan exquisito era igual para todos los que allí estábamos), desde aquí mi más sincero agradecimiento a Sandra (Podosevilla) y todos sus podólogos. Después de una buena cura y recoger los regalos y el diploma de la carrera José y yo nos dispusimos a irnos para el polideportivo, ni comimos. El Membri me llevaba agarrao, no te digo ná si fueramos por Chueca, porque yo iba como si me hubiera cogío un pelotón de fusilamiento y no hubiera fallao ninguno. Como estaría que el primer coche que vimos de la Policía Municipal le pedimos que nos llevara. Amablemente me hicieron un hombre y nos acercó hasta el lugar. Una vez en el polideportivo nos fuimos a la ducha y para colmo el agua casi fría y con las ventanas abiertas y con lo friolero que yo soy... después del “agradable” remojón me metí en el saco de dormir  y creo que me dormí antes que el Membri.

 Al cabo de unas horas José me despertó y el tío ya había ido a la Alameda a recoger las mochilas que trajeron del cuartel. Me levanté y estaba un poco mejor, llegaba en esos momentos Ginés que había logrado también terminar. Una agradable sorpresa fue encontrarnos a nuestro compañero Antonio que poco después de abandonar nosotros el cuartel se había sentido mejor y continuó la carrera pudiéndola terminar muy poquito después de nosotros.

 Una vez que nos dirigíamos hacia el coche para marcharnos llegaba al polideportivo nuestro compañero Demetrio que había logrado finalizar la prueba con éxito, con lo cual los cinco que habíamos comenzado tan tremenda empresa habíamos logrado acabarla, independientemente de los tiempos, porque puedo asegurar que los tiempos no formaban parte  de  nuestros objetivos.

 Aunque me encontraba mejor, en el viaje de vuelta deje que José trajera el coche, más vale prevenir que curar. Después del último avituallamiento del viaje en el Restaurante El Almendral y un reconstituyente molletón llegamos a Puerto Real terminando así nuestra carrera de la XXXIIIª Edición 101 Kms de Ronda.

 P.D. Una vez llegué a mi casa y colgué la medalla, bien visible en el mueble de la entrada, ya pensaba en siguiente edición de los 101 Km y es que esto de correr engancha.

 

 

DEDICADO A MI HIJO, MI MUJER, MIS PADRES, MIS COMPAÑEROS DE CARRERA Y A TODOS MIS COMPAÑEROS DE ESE GRAN CLUB                    

A.D. MARATÓN PUERTO REAL.

Comentarios

avatar pepemedina
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Dios que odisea. Yo quiero irrrrrrrrrrrrrr rrrrrrrrrrrrrrr rrrrrrrrrrr!!!!!
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avatar jotaele
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que te voy a decir yo, felicidades por el exito conseguido y por los que conseguiras
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avatar Juan
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Muy bueno, que lo hiciste; y para tus compañero de fatigas.
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avatar JOSE
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TENGO 45 AÑOS HASTA AHORA FUMADOR ME GUSTARIA INICIARME EN ESTE DEPORTE QUE NUNCA LO HE PRACTICADO ,PERO TENGO DUDAS POR MI EDAD,TABACO ... ME GUSTARIA PODER RECIBIR ALGUNA INFORMACION (A SER POSIBLE A MI CORREO QUE OS PONGO MAS ABAJO) POR PARTE VUESTRA DE COMO COMENZAR Y CONSEJOS.GRACIAS

jose_m_condeandrades@hotmail.com
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